"Perdida"
Ese día había salido a tomar como de costumbre. En esa ocasión caminamos de más, pues el miedo a la policía era constante al estar junto a las botellas. Al empezar a hablar, el tiempo pasó y, sin darme cuenta, ya había pasado el atardecer, un atardecer que se alargó lo suficiente para cambiar lo que había planeado, pues el gusto por el sabor a manzana y moras, combinados con la amargura del alcohol, me habían detenido de regresar a tiempo. No recuerdo mucho de lo que ocurrió. Después de todo, había salido por varias horas; era normal no recordar gran parte del día, aún más cuando había consumido alcohol al punto de sentir que mi alrededor se pausaba, era como si el tiempo dejara de pasar, hasta que me regresó a la realidad un sonido conocido: el de una llamada, una llamada que indicaba que mamá llegaba por mí.
No recuerdo cómo regresé a casa, pues esa noche se redujo al recuerdo de una llamada y un agotamiento diferente. Esa noche se sintió extraña. Al llegar a casa solo quería ducharme y cepillar mis dientes, pues en mi boca persistía un sabor agrio y, en mi estómago, una incomodidad que me daba la impresión de que un vacío había sido llenado con químicos. Dichas sensaciones se las atribuí al alcohol, aunque fuera la primera vez que se sentía de esa manera.
Mis piernas y espalda dolían terriblemente, como si alguien hubiera intentado separarlas. Al igual que con el alcohol, creí que el dolor se debía a que habíamos caminado demasiado, aunque la culpa y el horrible sentir no lo podía atribuir a nada más que al pasado y mis decisiones.
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